viernes, 24 de marzo de 2017

Tendremos película y documental sobre el caso de Elisa Lam - Noticias, Películas y Articulos



¿Conocen el caso de Elisa Lam? En 2013, Elisa Lam fue reportada como desaparecida mientras era huésped del Hotel Cecil, en Los Angeles. El 19 de febrero, 20 días después de no haber contactado a sus padres y de haber tenido que abandonar el hotel, su cuerpo fue encontrado en uno de los tanques de agua del hotel. Su teléfono había desaparecido.

Tal vez lo más sonado acerca de este caso es el video de su extraño comportamiento, grabado por las cámaras de seguridad del hotel el 1 de febrero. Las teorías abundaron, desde el trastorno bipolar que la aquejaba hasta un posible asesinato o hasta posesión diabólica.



El caso de Elisa Lam volverá a estar en la mente de los aficionados a la investigación por medio de dos proyectos:

The Elevator Game Una de las teorías sostenía que Lam estaba participando el el Juego del Ascensor, una leyenda urbana en la que se debe localizar un edificio de más de 10 pisos y seguir las instrucciones para acceder a un mundo alterno. Nicole Jones-Dion escribió y dirigirá una película en la que una mujer participará en el juego, porque está convencida de que su hermana, desaparecida, está en el otro mundo y quiere rescatarla. La inspiración proviene del famoso caso de Lam y comienza a filmarse en Los Angeles en septiembre de 2017.

What Happened to Elisa Lam? Es un documental que regresa a investigar el caso de la joven estudiante canadiense. Es dirigido y producido por Jake Anderson y Jared Salas, quienes se dedicaron a entrevistar a personas que trabajaron en el caso, policías, psiquiatras, expertos en lenguaje corporal e investigadores de lo paranormal. El proyecto busca financiamiento en Kickstarter y está a $10,000 USD de alcanzar su meta.




FUETNE: www.morbidofest.com (por Alex Serna)

jueves, 23 de marzo de 2017

Investigación en el monasterio abandonado de Carmona - Artículos, Leyendas y Lugares malditos



Nota: El siguiente artículo fue realizado por un grupo de investigadores paranormales, abajo de todo podrán consultar la fuente.


¿Quién no ha oído hablar del Monasterio del Diablo, también conocido como Monasterio de Carmona o de la Huerta de San José? Todo apasionado del misterio conoce este tétrico enclave y, sobre todo, su siniestra o macabra leyenda. Hasta allí hemos acudido para realizar una investigación y esto fue lo que nos encontramos…

Un poco de historia

Allá en el año 1620 se levantó este imponente monasterio para albergar una congregación de Franciscanos, los cuales fueron sucedidos por Dominicos y Carmelitas creando así un internado para la iniciación de los novicios. Como ya es conocida la doctrina de estas congregaciones, sobrevivían de la caridad humana del pueblo colindante, de la huerta que cultivaban, así también como del ganado que pudiesen criar. Pero la carencia de agua evitaba regar las cosechas adecuadamente y limitaba el sustento tanto de los animales como de ellos mismos. Aquella escasez no tenía explicación lógica, puesto que el pozo que abastecía a dicho monasterio, se encontraba cerca de un acueducto subterráneo de la época romana con abundante flujo de agua.

Los vecinos acudían cada Domingo a escuchar las misas que ofrecían y no es hasta llegada la Guerra Civil Española cuando la necesidad de comida y supervivencia dejaron a un lado la fe y el no pecado.

La falta de alimentos causado por la situación del país los obligó a salir cada noche para robar comida de las fincas cercanas, regresando al recinto con sus ropas rasgadas debido a las mordeduras de los perros que guardaban los campos. Imagínense lo que pudo llegar a afectarles ir en contra de lo que ellos comulgaban. Con el tiempo fueron descubiertos y denunciados a las autoridades eclesiásticas, quienes juzgaron a los frailes llegando a cerrar el monasterio y trasladándolos a distintos puntos. Curiosamente en la bibliografía de Carmona no consta ningún informe historiográfico del convento, como si alguien hubiese querido borrar las memorias del lugar, o desearan ocultar las hazañas de estos religiosos. Solo se dispone de dos documentos que confirman la existencia física y la historia de este monasterio.

La leyenda

Pero llegamos a la parte más espeluznante de esta historia. Una leyenda que, podría no ser tan leyenda. Los acontecimientos que se exponen son tan terroríficos que sería conveniente tomarlos como ficticios. Asimismo los hechos son tan extraordinarios que restan veracidad al relato. Pese a todo les dejamos la transcripción del documento donde el único fraile que consiguió sobrevivir narra, de su puño y letra, su versión de los eventos. El individuo llego a confesarse culpable de los actos, cosa que no fue creíble por su constitución física. El día del suceso fue la mañana del 25 de noviembre de 1680.

De una parte, José Díaz de Alarcón, escribano, y por otra, Juan Rodrigo Perea, Fraile dominico, en unión con alguaciles, fuerzas públicas y religiosas, nos narra así los incidentes ocurridos:

“Yo señores, me hice fraile dominico en el convento de San José, donde entré en el noviciado hace ya tres años poco más. En la mañana del 20 de noviembre de éste año de nuestro señor (1680), entró por parte de Cantillana, un aspirante que dijo llamarse según recuerdo Don Jaime Maldivas, y que fue aceptado con plena satisfacción por parte del padre Prior y demás. Este hombre era alto, de cejas muy pobladas, con nariz aguileña y su cara tan fina como una espada. Nunca le vi en compañía de otros en la huerta o en la capilla, por lo que nos extrañó.

Yo, señores, no sé como ocurrió, que en la mañana del 25 de noviembre del susodicho año, cuando desperté no encontré la puerta de mi celda abierta como era de costumbre (pues como ustedes saben todas las noches no echan llaves y cerrojo) y creyendo que era aún muy temprano, me entregué a profundas meditaciones. Después de esperar un rato, sentí por fin unos pasos débiles que provenían del pasillo y que venían a morir justo ante la puerta de mi celda. La misma, de un suave rasquido, quedó abierta; pero cuanta fue mi sorpresa, al comprobar, que detrás de ésta no había nadie, permaneciendo el pasillo totalmente sordo en cuanto a rezos e invocaciones. Entonces fue cuando pensé que quizás la primera misa ya hubiese empezado y eso significaba que me había quedado dormido y recibiría castigo, pero al ver que las puertas de las celdas de mis compañeros estaban abiertas de par en par, me quedé pensativo un momento, para después salir corriendo hacia la capilla. Cuando llegué, no vi a nadie, y me entró un calor desde la garganta hasta el pecho, cuando oí unos lamentos a media voz que al parecer provenían de la cocina que estaba al lado de la capilla. Salí precipitado por los pasillos del convento dando voces, llamando al Padre Prior y demás frailes, pero ni uno ni otros me contestaron, por lo que decidí partir a la ciudad para avisar a más gente y averiguar lo que pasaba.

Fue ésta mi intención desde un principio, pero no lo hice así, ya que esos lamentos, de los que antes hablé, parecían perseguirme a todas partes y aunque quise salir del convento, algo me empujó hacia la cocina. Cuando entré los gemidos se sentían tan fuertes dentro de mí, que creí que era yo mismo el que los producía, que en mi tenían desarrollo y manifiesto. Pero pronto advertí que el lugar de su procedencia era el sótano y sin poderlo remediar, me vi no sé como bajando sus inclinados escalones. Maldita sea, señores, maldito sea el momento en que entré en aquella habitación, pues al ingresar hallé al Padre Prior y a los demás frailes colgados de los ganchos donde solíamos poner los cerdos, jamones y embutidos.

Yo, señores, al visualizar aquel marco infernal y sangriento, comencé a ver también unos seres pequeños, que apiñados alrededor de los cuerpos muertos, comían sus carnes. En aquel momento, experimenté un mareo pasajero, y pude observar, como los seres que mencioné se reunían en uno solo de aspecto repugnante y enorme, viniéndome a decir estas palabras: “Te dejé vivir para que proclamaras mi venida al mundo”. Entonces, un fuego comenzó a propagarse por el sótano. Como tenía los sentidos agarrotados no pude mover músculo alguno para salir corriendo. Pero luego de unos instantes cuando reaccioné y pude hacerlo, la misma voz de antes, me manifestó: “Ve y di que Satán está aquí”. Lo demás señores ya lo conocen y quisiera que no se me volviese a tachar de loco, pues ustedes mismos y el pueblo entero ha sido testigo de lo que después ocurrió y ya, si me lo permiten vuestras mercedes, quisiera marcharme, pues espero salir ésta misma tarde hacia Sevilla. No quiero volver más a ésta ciudad”.

Este fue el testimonio que narró el único fraile superviviente. Cualquiera diría que habría sufrido delirios por hambruna, pero la parte donde dice: “…señores ya lo conocen y quisiera que no se me volviese a tachar de loco, pues ustedes mismos y el pueblo entero ha sido testigo de lo que después ocurrió…” fue confirmado por el alguacil redactando esto:

“Yo, Don Alonso Sans de Heredia, alguacil de las torres doy fe, que la tarde siguiente después de la declaración que dio aquella mañana este fraile al que acabamos de oír, entramos con otros alguaciles y otras gentes de la villa y vimos como en el sótano, estaban ciertamente colgados multitud de monjes y el Prior a quién yo mismo pude conocer, desangrados y descarnados. Inmediatamente se dio la orden de que se bajaran y se enterrasen.

Como no vimos ni escuchamos nada sobrenatural en aquel convento, mandé también a apresar al fraile que nos había contado tantas fantasías. El sujeto se consignó como el asesino real de aquella atrocidad. Pero doy así mismo fe, de que a las siete de la tarde, cuando se estaban enterrando los cuerpos en los huertos, fui testigo, con varios más, de un fenómeno sobrenatural. El mismo consistió, como todos pudimos comprobar, en un oscurecimiento del cielo y el surgimiento de un rostro horrible entre dos columnas de fuego, que se declaró como autor principal de aquellas atrocidades. Más tarde, de un fulminante rayo, descendió una luz blanca, que trajo consigo aquel ser de forma más humana aún. Mandé entonces a que absolvieran al fraile y que apresaran aquel ser maligno o lo que fuese, pero apenas di la orden, todo el mundo salió corriendo, y yo, al verme solo, no pude sino copiarles del mismo modo.

Doy fe, también, que al siguiente día y tras avisar a los obispos letrantes de Sevilla, nos presentamos nuevamente en aquel sitio con personas voluntarias, portando cruces y Biblias, para echar a esa entidad endemoniada de ésta santa ciudad.

Cuando llegamos, apareció el horrible ser, en lo alto del campanario de los curas y mandando a derribar la puerta, envié a muchos compañeros y soldados para conseguir echarlo o mejor aniquilarlo con los objetos sagrados antes mencionados. Varios hombres arribaron hasta el lugar indicado. Sin embargo, pronto fueron despedidos como muñecos desde la torre al suelo donde estábamos, otros desaparecieron misteriosamente. Satán se enojó y un fuerte trueno sonó en el cielo, el viento se desplazó velozmente haciéndonos rodar por el piso. Cuando nos pudimos levantar, vimos como la criatura se abrió el pecho (en él se pudo contemplar toda clase de atrocidades y endemoniadas formas humanas) acto seguido dijo: “Perezca todo y todos” y en ese momento un temblor enérgico destruyó el convento y muchos de los que estaban allí perecieron. Al siguiente día, cuando despertamos, nos hallamos entre cuerpos muertos, pues pocos quedamos con vida. Marchamos como pudimos con nuestras extremidades lesionadas y ordenamos que aquel lugar fuera sembrado de sal para alejar al demonio y desposeer de todo mal aquel lugar sagrado. Después de esto no volvimos a oír ni ver nada que indicase que aquel ser estuviese aun con nosotros”.

Una noche en el monasterio

La historia no podía ser más terrorífica, pero era idónea para realizar una investigación allí. Preparamos todos los equipos y pusimos rumbo hacia Carmona.

Desde la lejanía se podía vislumbrar aquel imponente enclave. Estaba claro que el vandalismo y el paso de los años habían destruido parte del recinto. Como solemos hacer, llegamos de día con el fin de observar el estado de la infraestructura del edificio. Realizamos un recorrido sobre las cinco de la tarde justo en la zona donde se encontraba el sótano ya mencionado, donde supuestamente aparecieron colgados aquellos frailes.

Iniciamos una ronda de preguntas con grabadora en mano para intentar capturar alguna psicofonía. De forma repentina llegaron cuervos de procedencia desconocida y fueron colocándose uno a uno en las alturas de las ruinas. Sus picos negros nos apuntaban fijamente. Asombrados por la actitud de estos pájaros y sin dejar de observarlos continuamos con la sesión.

Al formular una interrogante los cuervos cantaban al unísono, como si nos respondieran. Sorprendidos repetíamos la hazaña, para probar si aquello fue producto de la casualidad y una vez más volvieron a graznar.

Decidimos trasladarnos a un lugar donde percibíamos un olor a incienso quemado muy intenso. Buscamos plantas por todos los alrededores que pudiesen ser las causantes de aquel característico olor de botafumeiro, pero fue en vano. Al recorrer la parte de arriba donde se encontraban las celdas los cuervos desaparecieron.

Al caer la noche teníamos ubicadas las zonas más activas del lugar o las que pensábamos que podrían serlo. Estábamos colocando los equipos cuando los perros de las parcelas cercanas comenzaron a aullar de una manera extraña, erizándonos la piel por completo. En ese preciso momento carecíamos de grabadoras o cámaras activas, pero al dar comienzo con la investigación no tardarían en emitir los desgarradores aullidos nuevamente. La noche se tornaba escalofriante: Golpes en la planta superior, voces en la spiritbox PSB-7, cambios de aroma (de incienso a putrefacto), animales comportándose raramente… Fueron algunos de los fenómenos que padecimos aquella oscura madrugada.

Pero lo que más nos hizo estremecer fue uno ocurrido durante el descanso. Decidimos meternos en el coche para resguardarnos de la gélida noche cuando, comentando entre el equipo lo que estábamos experimentando y mientras algunos fumaban, escuchamos perplejos el lamento de un hombre en las profundidades del monasterio. Todos de forma repentina giramos nuestras caras hacia el enclave buscando la procedencia de aquel terrorífico alarido. Al principio dudamos de si lo habíamos oído todos pero consultándonos corroboramos que si. Nos recordó la leyenda donde aquel fraile, a solas por el monasterio, escuchó aquellos desgarradores lamentos.


FUENTE: mundoparapsicologico.com (por Jessica Luque). Correcciones: Admin Oscuridad Oculta

miércoles, 15 de marzo de 2017

Entre lo hermoso y lo terrorífico: las muñecas de Mari Shimizu - Artículos



De pequeños nos engañaron a todos diciéndonos que los muñecos no tienen corazón.

Mari Shimizu sabe que eso es mentira. En el momento que un trozo de plástico tiene ojos, boca y manos, una masa temblorosa se extiende por arte de magia en el interior de su pecho hasta formar un órgano que no sangra ni suena, pero que está lleno de vida.

Shimizu lo ha visto, lo ha hecho, lo ha fabricado con sus propias manos pequeñas y delicadas: ha tomado el bisturí, ha abierto en canal a sus muñecas, y ha creado una orquesta de vísceras y de amor dentro de ellas.

Corazones sangrantes, relojes de cuco, bosques de hadas, musgo y flores muertas en el lugar donde debería haber un estómago o un pulmón. Aquí dentro hay una fiesta oscura, y en ella es donde bailan los sentimientos de nuestros juguetes más queridos.

La artista adora a las muñecas y con ellas ha conseguido crear un ejército de niñas diabólicas que tienen algo hermoso y terrorífico a la vez. Con su arte ha logrado demostrar que nada es imposible y que hasta los objetos inanimados pueden provocar en nosotros sensaciones muy intensas.

"Nos hemos olvidado de cómo ser humanos, por eso al resto de los seres les negamos su corazón."














jueves, 9 de marzo de 2017

7 datos inquietantes sobre Elizabeth Bathory - Artículos



1. Fue testigo infantil de crueldades indescriptibles

En la antigüedad había un método de ejecución verdaderamente demencial. Se abría el estómago de un caballo y se introducía vivo al condenado en el vientre del animal muerto y luego se suturaba dejando afuera la cabeza del hombre. El cadáver del caballo era expuesto al sol para que el condenado se sancochara entre hedores y gusanos. Se cree que Elizabeth Bathory presenció una de estas ejecuciones siendo niña.

2. Regaló a su primer hijo

Cuando tenía 15 años de edad, Elizabeth Bathory quedó embarazada del hijo de un campesino. Fue enviada lejos a tener el bebé, el cual fue dado a otra familia para que el hecho no perjudicara su matrimonio ya concertado con Ferenc Nadasdy, otro miembro de la nobleza.

3. Una asesina muy especial

Las asesinas en serie son muchísimo menos frecuentes que los del sexo masculino. Bathory es la primera asesina en serie de la historia y también fue la primera conocida que mataba por necesidades sexuales sin la dirección de un socio masculino dominante. Tiene el record Guinness como la mujer con más asesinatos, con 650.

4. Tenía una amplia colección de torturas

Bathory tenía en su castillo una cámara de tortura donde practicaba las cosas más aberrantes. Mordía a sus prisioneros hasta la muerte, le quemaba los genitales con velas y con barras al rojo vivo, y le hincaba alfileres. En invierno, le gustaba arrojar a los niños a la intemperie, sin ropa y con un baño de agua helada.

5. Fue una madre amorosa

Excluyendo al hijo que regaló a los 15 años, Bathory, fue madre amorosa de los 4 —Anna, Úrsula, Katherina y Paul— que tuvo con su esposo, Ferenc Nadasdy. Se cree que los niños no conocieron los espantosos hábitos de su madre.

6. Procuraba entierros cristianos para sus víctimas

Al comienzo de su vida criminal, Bathory entregaba los cadáveres de sus víctimas a un pastor protestante para que les diera cristiana sepultura, mencionando distintas causas de muerte. Sin embargo, el pastor entró en sospechas y se negó a seguir recibiendo cadáveres. Entonces Bathory empezó a enterrar los cuerpos en su propiedad.

7. Solo sufrió arresto domiciliario

La influyente familia Bathory consiguió mantener a su asesina lejos de la cárcel. Sus cómplices fueron ejecutados por decapitación y quemados en la hoguera, o condenados a cadena perpetua. Elizabeth Bathory murió en su castillo, a los 54 años, tras dictar testamento en favor de sus hijos frente a dos sacerdotes.


FUENTE: www.vix.com (por Alcides Gonzalez)

martes, 7 de marzo de 2017

"Ana" por Esteban Di Lorenzo - Historias de terror



Terminé el libro y lo dejé sobre la mesita de luz. Cerré los ojos y traté de no pensar en la historia para poder dormir, pero se me hizo imposible desprender la protagonista del fondo de mi cabeza. Los demás personajes que sobrevivieron eran parte de mí. Ya formaban parte de mi historia. Al cabo de unas horas logré dormirme, despejado.

Llegó un nuevo día y me levanté para vivirlo, sin pensar en su ausencia. Fui a trabajar y las horas pasaron pesarosas. Una parte de mí se mantenía con la misma historia que había terminado la noche anterior, y la otra armaba artefactos metálicos como si estuviera en el auge del fordismo: sin respiro.

Salí cansado, pero con ganas de seguir con las horas que quedaban. Llegué a casa y me puse a acomodar todo de mala gana. Si no había alguien para que lo disfrute, si ya no estaba Ana para ver lo que hacía, ¿de qué servía? Si era por mí, ni siquiera me haría de comer, pero por algo tenía que seguir.

Cansado, no cené. Ni siquiera me había acordado de prender las luces. La iluminación del exterior relucía entre el barniz limpio de los muebles que había heredado de mis abuelos.

Una vez acostado, decidí volver a leer el libro para olvidarme de los días que estaba viviendo. Eso hice. No tuve que levantarme para ir a trabajar, no me había dormido.

Ese día pasó a mitad de marcha. Todo fue en cámara lenta. Los recuerdos de ella me tumbaban. Distintos puntos de mi vida quedaron marcados para siempre.

La casa estaba limpia. Todavía mantenía el olor a desinfectante que había usado el día anterior. Entré directo a la habitación y abrazado por las sombras recorrí con la vista el lugar, esperando que se acostumbre a la oscuridad. Noté que algo se movía sobre la cama. Una figura. Una pequeña estaba sentada en el borde, apoyada en el velador. Prendí la luz asustado y desapareció. El libro estaba abierto en la última página. Lo cerré de un golpe. Esa noche no lo iba a tocar más. No quise pensar que pasaba. Me acosté, vestido como estaba y con los recuerdos de mi Ana sobre mi piel oré lo mismo que todas las noches:

“Daría lo que fuera por tenerla algunos años más. Si es posible… cambiaría parte de mis años, de mi vida.” y al momento me dormí.

El sábado había sido fatal. Extrañaba trabajar para despejarme pero pasó. La tormenta del domingo me despertó alrededor de las cinco de la tarde. El despertador no sonó, la luz se había ido mientras dormía. Así como me olvidaba de comer, me olvidaba de las velas. No me levanté de la cama salvo para ir al baño. Me llevé algo por delante, pero no paré a tantear que era. Al volver, no pude entrar a la habitación. La figura que se había aparecido antes estaba situada en el mismo lugar, con su rostro sobre el libro. No quise prender la luz para que no se fuera. Decidí acercarme, opacando los ruidos. Pasé el ancho de la cama e intenté mirar su rostro. Me acerqué un poco más y al estirar mi mano para tocarla… se desvaneció.

El libro estaba abierto en la última página.

“Pá, él te cumplió mis visitas. Él te va a cumplir todo”.

Me petrifiqué. Tenía la fecha del día que la vi por primera vez. Tembloroso como las palabras de mi nena seguí leyendo.

“Pá, voy a seguir viniendo, pero mañana tendrías que ir al médico. Un día mío, son dos tuyos”.

Cerré el libro y leí sobre el lomo un garabato escrito con crayón “Diario íntimo de Ana”.

Me senté, respiré hondo y aguanté la punzada de dolor en mi pecho, aceptando el trato desde ese momento.

Hola, pá —susurró en una caricia.


Autor: Esteban Dilo

lunes, 6 de marzo de 2017

"El sótano" por Esteban Di Lorenzo - Historias de terror



«Uno es uno con otros; solo no es nadie».
Antonio Porchia


La apuesta es un hecho. Camino por la casa de los Quiroga, más que una casa es una mansión, donde el viejo vivió en sus últimos años. Hasta ahora todo lo que dicen por ahí, que está embrujada, es solo un rumor, espero que siga siendo así. Desde lejos se nota cómo los grises de las piedras se alimentan de las sombras, apagando los colores de los edificios cercanos.

Tengo que filmar las dos vueltas y lo único que me dejan llevar es mi celular, ilumino con él cada paso. Estoy con un miedo desmedido, mordiéndome los talones y aumenta cada vez que miro sobre mi hombro, siento que me miran. Una a una, las pisadas que doy me hacen crujir el estómago. Siempre traté de evitar este tipo de lugares; no me gusta exponerme a cosas que desconozco. Las malas lenguas dicen que en el pasado esta casa era únicamente para velar a los muertos; esas reuniones no las entiendo, me parece algo innecesario para la despedida de un simple envase. Cuando perdí a mi padre no asistí a su velatorio, no recuerdo la última vez que fui al cementerio.

Dos vueltas completas, quién me manda a mí a apostar; lo positivo es que no tengo que entrar a la casa. Cuando mis amigos me vieron pasar una vez, se rieron por cómo caminaba, encorvado y temeroso. Me chiflaban y me gritaban, volvían al segundo grado. No entiendo cómo de grande acepto que sean mis amigos, debe ser que tengo la necesidad de pertenecer a algo.

De todo lo que vi en la primera vuelta, lo más terrorífico está grabado como una foto. Si me pongo a pensar en mis recuerdos, los dolorosos están en un álbum de fotos íntimo. Lo bueno se esconde, se me escapa del día a día. Mi mamá siempre dice que somos lo que hacemos, pero yo no hago mi soledad.

La puerta de lo que parece ser un sótano tiene un ángulo llamativo, además, los bordes esculpidos en piedra parecen teñidos por el paso del tiempo. No me sorprende su estructura, que es por demás hermosa, sino la curiosidad que me llenó al verla. Me invita a pasar; pero, tengo que hacer la vista a un lado para que mi mente no cree algo que no está ahí.

Para cuando llegue al portón de salida, por segunda vez, la apuesta va a estar cumplida, mi palabra intacta y un valor agregado para contar algunas anécdotas en los campamentos del próximo verano.

La luna estira mi sombra sobre el piso adoquinado, los segundos me empapan. La niebla de la noche roza mi cara; la humedad se me impregna y la transpiración se clava en mi espina dorsal. Me siento frágil. Necesito salir de acá.

El patio trasero no termina nunca. Los árboles ahogan la luz, se mueven junto a la oscuridad, siendo una sola cosa. Los ruidos se acumulan entre las raíces, me alejan de lo real. Camino con la vista perdida, por las huellas que dejé la primera vez. No me falta nada, sólo un cuarto de los pasos que aposté. Si bien es un juego tonto, no deja de ser una apuesta: «El que pierde en el metegol tiene que aguantase su mayor miedo», y acá estoy, caminando entre la oscuridad y la soledad, mis peores enemigas desde hace años. Si pudiera volver el tiempo atrás, lo haría para callarme ese día que conté sobre la casa de Quiroga. O para despedir a mi papá.

Avanzo por el parque, silencioso. Los ojos de algunos animales me observan desde el fondo de la negrura de los arboles; sé que no era más que algún gato, igual, hizo que lo deje de mirar. El silencio es tan intenso que puedo sentir su eco.

Necesito tener la mente en blanco para poder terminar de la mejor manera. Diez pasos me separan de la puerta de doble hoja del sótano, cuando me golpea un aroma a jazmín tan dulce que me asqueó. Observo alrededor buscando la planta, pero solo encuentro el hormigón empapelando mi vista. No quiero mirar hacia el sótano. Pero la verdad es que no puedo evitarlo, estoy delante de él. Noto algo que antes había pasado por alto: no tiene una de sus tablas; se podía ver hacia dentro. Ahí, el aroma es intenso y entre lo dulce de las flores hay algo más, en el fondo, se puede sentir un picor amargo, un olor a encierro que es difícil de interpretar desde donde estoy.

Me arrimo a la puerta y puedo distinguir que un gran ramo de flores blancas yace sobre el suelo. Miro la cerradura, no me animo a tantear si está abierta. Sigo buscando una excusa para continuar con mi camino. Del interior llega a mí un aire tibio que me invita a entrar. Siento que tengo que hacerlo.

Me echo un poco hacia atrás para ver si los chicos aún están en la entrada; me quedo tranquilo al verlos cómo siguen cada movimiento que doy, me vuelvo a sentir acompañado, me dan un poco más de valor. Tengo que vencer mis miedos y este día es el indicado, no quiero volver a pisar este osario.

Apoyo mi mano sobre el picaporte y cede. Afuera, la brisa trae a mis oídos las quejas de mis amigos, al entrar, todos los gritos se apagan, hay paz. Me acerco al arreglo floral y ahí dentro noto cómo todo tiene otra perspectiva; están sin vida, secas y el aroma que antes era dulce y armonioso pasó a ser el agrio picazón que sentí antes. Es toda una mentira.

Veo a mis costados las placas con los nombres de los cadáveres que descansaban ahí. Entre ellos está el de Silvestre Quiroga, con un tallado de su cara. Se reflejan con un brillo quebrado, entre lo real y lo que alguna vez estuvo vivo. El miedo me atenaza el poco valor que me queda. Me cuesta respirar. El aire viciado y la humedad no me dejan pensar con claridad. Llamo a los chicos varias veces pero parece que mis palabras no salen de la habitación. Voy a la entrada. Intento agarrar el picaporte antes que la puerta se cierre; hace vibrar las paredes. La temperatura baja hasta tal punto que en el vidrio se puede ver la huella de una mano. El mareo no se hace esperar. Siento que me abrazan y no me dejan caer. El polvo que vi en la primera recorrida se vuelve a posar en los bordes. Parece que nadie hubiera tocado el sótano en años.

Trato de gritar. Abro la boca, aprieto la garganta, endurezco el pecho… pero no pasa nada. No se escucha nada.

Busco el celular, pero ya no está. No está en los bolsillos, no está en el piso. Intento gritar otra vez: ¡Dónde está mi celu!
Nada. Ni un hilo de mi voz consigo.

Alguien viene. Una sombra. Una sombra que tardo en reconocer pero que ya frente a mí identifico enseguida: Silvestre Quiroga. Es él.

Quiroga se hace presente —o lo que queda de él—, me agarra de la mano y me tira hacia él, acaso hacia su mundo. Siento sueño, cansancio. Pero es un cansancio distinto. Es… es como si mis latidos fueran apagados por las manos de la oscuridad. O de la eternidad tal vez.

El silencio pesa, lo puedo sentir.

Ya nadie sostiene mi mano. Quiroga se ha ido. Y, por alguna razón, no me siento más solo.

Veo a través de las maderas que alguien se mueve afuera. Soy yo, mi cuerpo de carne y hueso: camina tenue, pesaroso, hacia donde están mis amigos. Sus amigos.

Mis amigos ahora serán otros: el sótano de los cuerpos me adopta como a su nueva presa. Como su nuevo muerto. Y yo ya no temo: yo ya vencí mis miedos.


Autor: Esteban Dilo

miércoles, 1 de marzo de 2017

La historia de Bedlam "La casa de los Locos" (Hospital Psiquíatrico) - Artículos y Lugares misteriosos



Comenzó inocentemente, como una institución de caridad. Pero con el tiempo, Bethlem Royal Hospital conocido popularmente como Bedlam, se fue transformando lentamente en uno de los peores lugares en el mundo entero.

El Hospital Real de Bethlem fue fundado en 1247 pensado como sede del priorato para las hermanas y hermanos de la Orden de la Estrella de Bethlehem.

Abrió originalmente en Bishopsgate, Londres. Su objetivo original era recaudar dinero para ayudar a la Iglesia de los cruzados. Los sacerdotes lograron construir el edificio, y donaron las monedas recogidas a los más pobres de la ciudad. Unos años más tarde se transformó en un asilo psiquiátrico, cuando los monjes notaron una gran cantidad de locos sin hogar en las calles de Londres.

En esa época, nadie entendía demasiado de psiquiatría. Las personas que tenían condiciones que hoy normalmente conocemos como depresión, demencia, esquizofrenia, epilepsia, ansiedad, problemas de aprendizaje, y otras enfermedades mentales, eran alojados juntos y todos recibían el mismo tratamiento administrado por los monjes, que incluía castigos diarios y enseñanzas de las Escrituras. La dieta era una combinación de vegetales y cereales. Si observamos los registros de inventario podremos ver claramente que los religiosos compraban cadenas, candados, esposas y dispositivos utilizados para el tratamiento de enfermos mentales de la época.

Los monjes fueron sustituidos en 1370 por el rey Eduardo III. Las personas que nombró en su lugar eran conocidas como “Los guardianes”, y tenían poca o ninguna experiencia en tratar enfermos mentales y menos aún en trabajar en un hospital. En 1403, el tesorero del hospital Pedro Taverner fue declarado culpable de robo y malversación de fondos. En ese momento, el hospital ya era conocido como Bedlam (En inglés “casa de locos”).

Cuando la ciudad de Londres se hizo cargo de la dirección del hospital en 1546, los Gobernadores de Bridewell designaron sus propios guardianes. Las cosas ya estaban mal pero se pusieron mucho peor a partir de ese momento. Después de una inspección en 1598, el hospital fue considerado “No apto para ser habitado por seres humanos”, además de “Sucio y repugnantemente mantenido.” Para ese entonces el recinto contenía 21 pacientes que habían sido encerrados durante casi una década. Uno de ellos había estado allí por más de 20 años.

El Rey James I nombró a Helkiah Crooke para administrar el hospital. Crooke fue fiel a su nombre (Fraudulento en Inglés). Malversó dinero, robaba a los pacientes y tomaba las donaciones de caridad para sí mismo. Lo que no se guardaba se lo vendía a los internos, y los que no tenían dinero para pagar morían de hambre.

El nuevo rey, Carlos I, ordenó una inspección de Bethlem en 1631. Se inició una investigación cuando se determinó que la mayoría de los pacientes probablemente iban a morir de hambre. Crooke fue despedido dos años más tarde. Carlos I puso un nuevo sistema que incluía un médico, un cirujano y un boticario.

El hospital se cerró en 1667 y reabrió en un nuevo edificio en Moorfields. Este nuevo hospital era muy grande y costoso, se hizo conocido como el “palacio de los lunáticos“. Después de tan sólo 13 años, se abrió al público como atracción turística, aun cuando había enfermos mentales dentro.

Sí, el edificio era más lindo, pero eso era todo. Los pacientes todavía eran tratados cruelmente en este hermoso palacio, considerados como prisioneros en lugar de personas enfermas. Estaban desatendidos, muertos de hambre y encerrados en aislamiento. A los visitantes del hospital, se les permitía interactuar con los pacientes, y los visitaban casi como si estuvieran viendo animales en un zoológico.

Turistas de todos los barrios de Londres daban monedas a los internados para animarles a cantar canciones y bailar. Algunos de los pacientes se vieron obligados a cumplir en contra de su voluntad.

Los visitantes no eran supervisados. Bebían alcohol y caminaban entre los pacientes sin restricciones. Las vacaciones atraían grandes multitudes ruidosas en búsqueda morbosa por ver a los “locos”. Un escritor que vivía en Londres en esa época dijo que Bethlem era “Un paseo de holgazanes y ladrones”.

Un nuevo director llegó en 1795, John Haslam. Él aseguraba poder curar la locura, y practicaba su propio tratamiento en los pacientes. Eran golpeados severamente hasta que pudieran comportarse de la manera que él exigía. Su enfoque terapéutico involucraba una dominación completa. Los pacientes recibían baños de agua fría y eran obligados a sentarse en columpios para terapia de rotación.

El cirujano jefe en ese momento era Bryan Crowther, contratado por el propio Haslam. Crowther comenzó sus propios experimentos en el depósito de cadáveres, diseccionaba cuidadosamente los cerebros de pacientes muertos. En ese momento, este tipo de prácticas eran ilegales.

En 1814, un extraño visitó el hospital y vio las condiciones deplorables en las que estaba. Encontró pacientes encadenados a las paredes, desnudos y desnutridos. Un ex infante de marina, estaba atado a un arnés con una cadena que era controlada por el personal. El hombre había estado atado entre nueve y doce años hasta ese momento.

Bocetos del interior del hospital fueron publicados en el periódico, forzando otra indagación. Se convertiría en la mayor investigación sobre un asilo en la historia. Tanto Haslam y su cirujano jefe fueron despedidos.

En un esfuerzo por renovar Bethlem una vez más, un nuevo edificio fue construido en 1815 en St. George’s Fields. Todos los pacientes fueron trasladados al nuevo edificio que no era lo que parecía ser. La calefacción no funcionaba y las condiciones pronto empeoraron a medida que llegaban más pacientes. Nuevos edificios fueron construidos en los últimos años porque la demanda de habitaciones iba en aumento.

Las cosas cambiaron cuando el Médico Residente William Hood se hizo cargo en 1852. Sus técnicas terapéuticas promovían un ambiente pacífico y tranquilo. Trajo revistas y artesanías para mantener a los pacientes ocupados. Incluso se celebraban bailes mensuales donde los pacientes podían mezclarse con el personal y los visitantes, pero ya no de una manera extraña y espeluznante. Bethlem dejaba de ser, poco a poco, el peor hospital del mundo.

Un nuevo edificio fue adquirido en 1926, y toda la operación se trasladó a Beckenham en 1930. Bethlem permanece aquí hasta nuestros días luego de casi 800 años. Un museo fue abierto en 1970 que muestra obras de arte de los pacientes y los archivos de la historia del hospital. Bethlem sigue prestando atención psiquiátrica.

Los días de encadenar de los pacientes a las paredes y matarlos de hambre ya terminaron aunque al hospital todavía se lo conoce como Bedlam, La casa de los Locos.


FUENTE:
-www.historiasreales.net/peor-hospital-psiquiatrico-del-mundo/
-www.bbc.com/mundo/vert-cul-38517703

jueves, 23 de febrero de 2017

Preppers, los multimillonarios que se preparan para el Apocalipsis - Artículos



El supervivencialismo es la práctica de preparación para una posible ruptura en el orden civil de la sociedad. Los asiduos a este particular hobby se denominan “preppers”, que viene de la palabra inglesa preparation -preparación- y entre sus filas no solo se encuentran los fanáticos de las teorías de conspiración o fanáticos religiosos, sino también los ricos y famosos.

Las mentes brillantes detrás de las empresas más exitosas de Sillicon Valley han hablado sobre sus estrategias de supervivencia. No solo temen que un gigantesco terremoto destruya California (Estados Unidos), la utilización de armas nucleares, o quizás una epidemia que acabe con la población también están entre sus amenazas más temidas.

Además se organizan para cualquier suceso en el que la inestabilidad política dé paso a la anarquía en sus ciudades. Sea cual sea el caso, han invertido grandes cantidades de dinero para asegurarse de que tienen el mayor número de posibilidades de prevalecer.

El CEO de Reddit, el famoso website valorado en 600 millones de dólares, Steve Huffman recientemente se sometió a cirugía láser de ojos para mejorar su visión. La razón tras la decisión no es lo que se esperaría, sino que según ha expresado, se trata de una medida preventiva por si se desata el caos.

Explicó que si el mundo termina o se encuentra en problemas, conseguir lentes de contacto o gafas resultaría muy difícil y sin ellos no tiene posibilidades de sobrevivir. Además, también ha comprado varias motocicletas, un montón de armas, munición y comida.

Igual que Huffman, Antonio García Martínez, antiguo Gerente de Producto en Facebook, compró 45 hectáreas de bosque en una isla en el noroeste del Océano Pacífico, donde comenzó a instalar generadores de energía, paneles solares y munición a granel.

En este rincón aislado pero aún accesible de cierta manera, García Martínez espera tener un refugio seguro para su familia si lo llegaran a necesitar. Cuando se corrió la voz de su proyecto, muchos otros millonarios del área se unieron para compartir sus planes de preparación.

La compra de inmuebles en varios lugares del mundo es una de las constantes entre estos preppers. Además de servir como refugios, también generan ingresos pasivos. Asimismo, muchos han optado por cambiar sus capitales a BitCoin y otros tipos de divisas electrónicas.

Otra estrategia que suelen aplicar los preppers con grandes presupuestos es la construcción de búnkers, habitaciones virtualmente impenetrables con todo lo que podrían necesitar para sobrevivir tranquilamente durante un fatal ataque.

Sin embargo, cuando se es millonario, el lujo es un factor que simplemente no puede faltar. Este es el caso del búnker construido cerca de Rothenstein, en Alemania. En un principio, esta propiedad de 76 hectáreas fue construida por los soviéticos durante la Guerra Fría, pero el empresario californiano Robert Vicinio la compró en una subasta al Gobierno alemán y la convirtió en un opulento espacio a prueba de explosiones.

¿Acaso serán teorías absurdas de fanáticos conspiracionistas? o algún oscuro secreto se esconde detrás de todo esto?



FUENTE: supercurioso.com (por Ana Karina Gourmeite)

miércoles, 22 de febrero de 2017

El Hospital Psiquiátrico de Trenton - Articulos y Lugares misteriosos



Lo que fue concebido como un sitio agradable para acoger a quienes sufrían trastornos mentales durante el siglo XIX, se convertiría en una casa del terror para sus pacientes con la posterior llegada de un doctor de ideas obsesivas y convencido de la utilidad de prácticas brutales para mejorar la salud mental.



El campus del Hospital Psiquiátrico de Trenton está compuesto por un edificio de ladrillos que hoy se encuentra en ruinas. Se ubica escondido detrás de la actual ciudad de Nueva Jersey.

Debido a que su deteriorada estructura está al punto del colapso, se decidió prohibir el acceso a este siniestro lugar. Aunque ello no impide que su figura sirva como un recordatorio implacable de un pasado inquietante que muchos preferirían olvidar.

El “Asilo de Lunáticos” (como suelen llamarlo), fue fundado en 1848 por la defensora de la salud mental Dorothea Lynde Dix. Este sitio se convirtió en la primera institución pública en emplear el Plan Kirkbride, que promovió la privacidad de los pacientes y un ambiente acogedor, naturalmente iluminado, muy diferente a lo que se vivía en otras instituciones.

En 1907, Henry Cotton asumió como director médico del hospital iniciando su gestión con programas de terapia ocupacional y eliminando las restricciones mecánicas que eran ampliamente utilizadas para someter a los pacientes.

Lamentablemente, el punto de vista de Cotton sobre los enfermos y la salud mental pronto transformó al establecimiento en un hospital de horrores. El doctor no tan bueno como parecía, creía firmemente que las infecciones eran la causa de todos los trastornos mentales y basándose en esa teoría, empleó la cirugía como forma de tratamiento.

Convirtió en una practica rutinaria mutilar a los pacientes del hospital; arrancarles los dientes, vesículas biliares, estómagos, colon, testículos y ovarios.

Según los informes, Cotton prestaba especial atención al lado derecho del intestino grueso ya que creía que tal zona era la fuente de los “impulsos depravados”.

Henry afirmó haber logrado tasas de curación cercanas al 90% durante su permanencia, pero su número de muertes fue espeluznantemente alto. Y lo que es peor, la mayoría de sus víctimas fueron arrastradas contra su voluntad a la sala de operaciones, siendo plenamente conscientes de lo que el doctor planeaba hacerles.

Luego de su muerte en 1933, el legado de sus sádicas prácticas continuaron vigentes bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Por suerte, pasados los años, el Hospital Psiquiátrico de Trenton prescindió de sus métodos brutales. Consecuentemente fueron abandonándose ciertas alas del complejo, hasta quedar como lo que hoy se puede ver: un edificio con una historia terrible de abusos y prácticas macabras.



FUENTE: supercurioso.com (por Meryoli Arias)

jueves, 16 de febrero de 2017

El demonio de Galloway - Artículos y Leyendas



La historia de Sawney Beane, el diablo escocés jefe de un clan caníbal, hace siglos que se escucha en Escocia. ¿Existió realmente o fue una invención de los propios escoceses para crear una leyenda terrorífica que asustara a los ingleses? Los historiadores no lo saben a ciencia cierta, pero lo ocurrido quedó reflejado en muchas crónicas de diferentes épocas.



Sawney Beane, el diablo escocés

La historia de Sawney Beane apareció por primera vez en el Newgate Calendar, una recopilación de sucesos basados en casos de la Prisión de Newgate y otros lugares de Gran Bretaña. Según la publicación, Sawney habría nacido en East Lothian en torno al 1500. Sus padres, honrados labradores, no sabían que hacer con su hijo, ya que éste se negaba a trabajar y no hacía otra cosa más que fastidiar a sus vecinos. A los 20 años se fue de su casa con una mujer de dudosa reputación. Encontraron una cueva en la costa, amplia y seca, en una zona aislada y se establecieron en ella.

Durante la marea alta y en algunas épocas del año era imposible acceder en aquel sitio, cosa que ayudó a ocultar su presencia. El único problema era que no había manera de conseguir alimentos en los alrededores. No había ninguna granja o pueblo y ni siquiera caza suficiente para subsistir. El lugar más cercano habitado era un embarcadero al que muchos escoceses se dirigían para viajar a Irlanda.

Sawney y su compañera, hambrientos, atacaron a uno de esos viajeros, pero al no encontrar víveres suficientes en su poder, decidieron matarlo y comérselo. A partir de ese momento, el canibalismo fue su medio de subsistencia, mataban viajeros y los llevaban a su guarida para devorarlos. Durante 28 años, el clan que iba aumentando en número (llegando a las 48 personas debido a las relaciones incestuosas), vivió y se alimentó gracias a los desafortunados que se acercaban al embarcadero. A pesar de que durante años las desapariciones alertaron a las autoridades, nadie sabía de la existencia del clan, pues durante el día se escondían en su cueva y aprovechaban la noche para atrapar a sus víctimas. Los lugareños atribuían aquellos incidentes al “demonio de Galloway”.

En una de sus “salidas de caza” capturaron a una pareja. La mujer murió de un golpe al caer del caballo en el que viajaban, pero el hombre consiguió escapar y llegar a Glasgow. Luego de explicar lo sucedido se organizaron varios grupos que batieron la zona acompañados de perros rastreadores hasta que afortunadamente dieron con la cueva y con todo el clan en su interior en plena bacanal caníbal. También se halló multitud de restos humanos, calculándose que habían acabado con cerca de 1.000 personas durante esos 28 años.

Fueron apresados y llevados a Edimburgo donde se les juzgó y ejecutó de inmediato. Los hombres fueron desmembrados hasta morir y las mujeres quemadas en una hoguera. Este fue el final de Sawney Beane, el diablo escocés y de todo su clan caníbal.


FUENTE: supercurioso.com (por Carmen A. Barenys)

 
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